6.11.09

Loving the Wheather

Volví sin palabras del viaje sorpresa a Venezuela, pero las voy recuperando.

Desde hace unos días, cuando salgo a las 5 de la tienda ya se hizo de noche. Hoy, mientras caminaba por King's Road hacia el metro, me quedé mirando una imagen no sé cuánto tiempo, bajo la lluvia y sin paragua.
No muchas veces antes he experimentado esa sensación como en estos días. La de estar contenta sin tener ningún motivo. Esa imagen sólo viene a decirme que las cosas están bien y que de momento lo demás no importa.
Me voy sintiendo cada vez más a gusto en Londres.
La imagen es una pintura de Tom Homewood, Loving the Weather. La exposición está en Northcode Gallery, King's Road.





11.9.09

Ismenia

Pasé cinco días con Ismenia en Maracaibo, tres de ellos en el hospital. Sin embargo, tuvimos tiempo de cruzar el puente del lago, caminar por la chinita, conocer la iglesia de Santa Bárbara y hacer esta foto, soportando el calor del mediodía. Para mi regreso ella estaba mejor y nos despedimos con una sonrisa mecánica en la puerta de su casa, disimulando la tristeza. Me fui pensando en que no tengo nada que hacer en ninguna parte del mundo si no es a su lado, pero me fui. Cuando venía en el avión a Londres, ella entró de nuevo en el hospital y hoy ya lleva diez días allí. La crisis de asma se ha ido complicando día tras día. Una infección, una mala reacción al antibiótico, unas convulsiones, una fractura en el brazo. Estoy rezando por ella, porque ella me enseñó a rezar, sólo que ahora desde Londres todo está más lejos que nunca.

24.7.09

La máquina del tiempo



A propósito de la muerte de Michael Jackson y sin venir mucho a cuento, mi amigo R. y yo estuvimos hablando de unos cuantos acontecimientos del pasado que conviene olvidar o al menos mantener atrás. Para él ha funcionado llenar esos vacíos con gratas experiencias nuevas y yo trataré de ahora en adelante de recordar su fórmula.

Afortunadamente no todos los viajes en la máquina del tiempo nos llevan a experiencias difíciles. Hay momentos maravillosos en el pasado que no tienen por qué olvidarse. Me refiero a los momentos que vivimos con algunas personas que llenaron, sin condiciones ni obligaciones, un espacio que encontraron vacío.

Hace muy poco volví a encontrarme en Londres con una de las mejores madres posibles, Mariliana. Una de las tres madres que me tocaron en el reparto de las madres postizas, junto a Ismenia y Ernestina.

Venía en un viaje a Europa con su nieta Valentina, tal vez para enseñarle lo mismo que a mí me enseñó en Caracas hace ya mucho tiempo. ¿De dónde si no de ella saqué yo la idea de libertad y de belleza?

Espero darle un abrazo antes de que pase otra vez tanto tiempo.

23.7.09

Mi hermana, Whitechapel y la felicidad

A continuación el relato de uno de esos pocos momentos de la vida que justifican todo lo demás. Después de una visita tan inesperada como deseada, dos copas de vino, dos jagerbombs, dos Smirnoff y una noche de baile, las cosas dejan de ser tan difíciles como parecen.


Mi hermana apareció en Londres por unos días. Venía de Houston y de aquí se iba a Perth, Australia. Digamos que, afortunadamente, me encontraba en el momento y en el lugar indicados para coincidir con ella, en una de sus vueltas al mundo por temas de trabajo.

Las 48 horas que estuvimos juntas en Madrid por última vez se habían quedado cuatro años atrás. Así que con muchas ganas nos fuimos el mismo lunes, 6 de julio, a celebrar el reencuentro.

Después de los dumplings y el vino de la cena me dijo que uno de los diez bares que ella tenía que conocer estaba en esta ciudad. Nos íbamos a tardar unos 30 minutos caminando hasta Whitechapel pero a ella le pareció demasiado tiempo.

En 5 minutos nos bajamos de un taxi en la puerta del pub The Blind Beggar. Adentro la movida era tremeda. Los lunes por la noche son de la banda The Burns Brothers, que en ese momento interpretaba You Never Can Tell (C'est la vie), el tema de Chuck Berry que John Travolta y Uma Thurman bailan en Pulp Fiction. Unas diez personas hacían lo suyo en la pista, con un entusiasmo que yo había dejado de ver hace mucho. Cada uno con sus años, cada uno con su estilo. Una entrada triunfal es un buen presagio.

No tuve tiempo de preguntar qué era un jagerbomb cuando ya iba por el segundo. Para entonces manteníamos una conversación casi seria con el vecino sobre temas como la lista de los diez bares de mi hemana, la historia oscura de Whitechapel y The Blind Beggar y la política en Venezuela. De allí en adelante, cada vez que una canción "nos podía", como le dicen en Madrid a la sensación de que algo es más fuerte que tú, dejábamos la barra y a nuestro interlocutor para ¡bailar!
Ahora mi hermana ha completado la vuelta al mundo, ha pasado dos semanas en Australia y está de regreso en Houston. Lo bueno de estar aquí todavía es que algún lunes podré volver a The Blind Beggar a bailar con la banda de los hermanos Burns. La felicidad es pasajera, eso ya lo sabía.

El segundo jaggerbomb:


Una pareja de baile y de fondo la música de The Burns Brothers:

5.7.09

Should I stay or should I go?

Empezar una nueva vida es difícil, un poco más que un videojuego. Un proceso largo, lento y complicado, en el que las experiencias previas no aportan mucho. No quiero entrar en otros detalles más dolorosos y me referiré sólo al idioma, por tratarse de un factor determinante en mi epopeya de recién llegada.

Para empezar, diré que un nivel intermedio de inglés es algo relativo, indefinido, inconsistente, etéreo. Sabes cosas básicas pero no sabes básicamente nada. Sin embargo, por pecar de optimista, pensaba hasta hace poco que con mi inglés sucedería igual que con otros conocimientos, que progresaría, porque se supone que uno no va desaprendiendo por la vida. Sin embargo, estoy a punto de abandonar esa idea y toda esperanza, después de seis meses. Con mi inglés sucede algo muy extraño. En lugar de ir hacia adelante, va marcha atrás.

Y una triste y solitaria tarde de domingo, en un país lejano, me pregunto: Should I stay or should I go? Escucho The Clash, como un grito desesperado, y suspiro.

http://www.youtube.com/watch?v=V1Gn0e7kvTA

16.6.09

Secretos de belleza. Missing Madrid III



Las chicas venezolanas tienen la capacidad de desarrollarse plenamente en el camino de la belleza. Parece que nacen aprendidas en la materia porque dominan el arte y las prácticas de la imagen personal con una destreza profesional. Para ser bellas, se someten con virtuosismo a todos los ritos necesarios e innecesarios, artificiales y naturales, técnicos y manuales, físicos y espirituales, interiores y exteriores. Aunque aparentemente la única finalidad de esta historia sea la seducción, la belleza tiene una importancia tan especial que no es sólo un medio. Se trata de una entrega genuina, sin concesiones ni omisiones, a lo largo de la vida, a un ejercicio independiente de elevación personal. Digan lo que digan, es un fin en sí mismo.

Una noche muy triste y ya muy tarde, a punto de presentar su tesis sobre Pascal en la UCV, Maytté me dijo que la solución contra el insomnio y los malos espíritus era echarme crema en las piernas. Aunque no le creyera era imposible no reconocer su autoridad, así que entré en acción en ese mismo momento. Sabia Maytté. Tenía razón, no sólo pude dormir sino que con el tiempo he llegado a controlar a los espíritus.

Mi caso es una excepción. Lo descubrí a los 15 años cuando se me hizo imposible caminar derecha con tacones delante de Nataly y otras amigas de secundaria. Todavía no sé pintarme el pelo y ellas se alargaban las pestañas con una pinza a los 13. Por supuesto, esto me convierte en una chica dependiente en el universo de la estética general y específicamente en el submundo peluquerías, etcétera. Probablemente haya un par de mis amigas con la misma incompetencia pero claramente no es la tendencia nacional.

Me costó muchos años encontrar en Madrid un lugar donde pudiera acostarme en una camilla, cerrar los ojos, entregarme confiada a una sesión de depilación de cejas y, en lugar de salir como el hombre elefante, salir contenta. Estética Molero está en la calle Amor de Dios. La dueña, Paloma, y unas chicas estupendas atienden a las mil maravillas. Cada vez que abro la puerta me dicen: ¿Qué tal, Emilú. Unas cejas? La última vez tampoco logré decirles que me había ido.
Afortunadamente la belleza tiene muchos caminos, como almas. Me pregunto si el futuro me deparará algo parecido en Londres.

14.6.09

Loneliness

"I have no pride -no pride, no name, no face, no country. I don't belong anywhere. Too sad, too sad... It doesn't matter, there I am, like one of those straws which floats round the edge of a whirlpool and is gradually sucked into the centre, the dead centre, where everything is stagnant, everything is calm". Jean Rhys, Good Morning, Midnight

Londres, Charing Cross Road, domingo, 10 de la mañana

22.5.09

Zorros en Londres

¿Qué es lo peor que nos puede pasar por la noche a Tieta y a mi? ¿Que nos persiga un zorro, verdad? Pues, eso exactamente fue lo que nos pasó anoche.

Los zorros de Londres son una leyenda urbana... A los zorros de Londres sólo los han visto aquellos que vuelven tarde a casa y en muy raras ocasiones ... ¡Ojala! En 2006 ya había en el centro de la ciudad más de 10.000 zorros, unos 16 por cada 2.5 km2, sólo que yo no lo sabía antes de llegar aquí.

Los zorros comenzaron a venir a Londres después de la II Guerra Mundial. Eran animales salvajes que cansados de la rutina que suponía una alimentación 100% natural, como conejos y gallinas, encontraron una fuente poderosa de nutrición y placer en la basura. Sus viajes desde el countryside a la ciudad dejaron con el tiempo de tener retorno. Lo que antes transcurría en la penumbra ahora ocurre a plena luz del día. Se pasean entre los coches, escarban en los jardínes y toman el sol, cuando sale. Es más, los complejos se han acabado y ya no huyen de la gente. Los zorros de ahora han nacido en la ciudad y, por lo tanto, son zorros urbanos. Alguna sociedad protectora dice que les sería imposible sobrevivir en la naturaleza y que, aunque viven muchos menos años (2 de 13 aprox.), su vida es mejor en la ciudad.

El zorro de la foto fue un residente habitual en el jardín que veo desde la ventana de mi habitación durante el mes pasado. Pero no es el único de la familia que ocupa el territorio. Hay otro al que se le ha caído el pelo completamente y que anoche nos persiguió a Tieta y a mi. Corrimos mucho y muy de prisa, mientras escuchaba detrás sus quejidos. Pasó un rato largo antes de que consiguiéramos aplacar al corazón detrás de la puerta.

Esta noche no he podido salir con Tieta porque todavía siento miedo y, aunque parezca mentira, pena.

15.5.09

Herencia







No conocí a mi abuela materna pero durante 23 años estuve al lado de Ernestina, mi tía-abuela. Cuando nací me hizo la niña de sus ojos para siempre.


Sé que fue muy joven de Maracaibo a Caracas, junto a mi abuela, Ismenia y mi mamá. Que fue secretaria de Alcoa Steamship Co. y que vivió en Nueva Orleans y en San Francisco. Que también viajó a Nueva York. De esa época yo guardo su baúl negro repleto de cosas insólitas. De regreso en Caracas, siguió trabajando como secretaria y siendo el sostén del hogar. A veces me contaba historias sobre sus amigas norteamericanas o sobre sus padres, mis bisabuelos. Le gustaba la zarzuela y el boxeo. Pasaba 2 horas arreglándose por la mañana para salir a trabajar en su flamante Dodge Dart blanco, con eterno olor a nuevo. Su peinadora era un universo. Tenía una cita semanal los sábados en la peluquería. Me he mudado siempre con sus álbumes de fotos y los he visto cientos de veces. Ella no se casó ni tuvo hijos pero en un par de fotos aparece de la mano con un chico flaco y en un par de fotos más hay un hombre alto, con gafas, a su lado.

Me enseñó lo que tenía que saber sobre cremas, perfumes, maquillaje, vestidos, medias y zapatos. Sobre el valor que tenía el trabajo, la independencia, ganar dinero y administrar una vida. Me explicó que la comida que servía era la que estaba hecha, porque la otra no servía para nada. Me llevó a conocer el Metro de Caracas y el Teatro Teresa Carreño, recién estrenados. Me regaló un Volkswagen verde del año 70, mi año de nacimiento, y un pasaje para que conociera Nueva York cuando tenía 21 años. Podría hacer una lista interminable.


Cuando pudo retirarse, llegó al apartamento donde vivíamos las dos con su máquina de escribir último modelo, que casi era una computadora. Sólo tenía 69 años. Su idea era seguir trabajando desde casa pero supo que tenía un tumor en el cerebro, de esos que no se pueden operar ni con el mejor médico del mundo. La despedida fue rápida y silenciosa. Sin embargo, no pasa un día sin que la recuerde y busque en esos recuerdos la fuerza que ella tenía para vivir día a día.

Ahora se cumplen 15 años.

13.5.09

Revelaciones


"A real gimlet is half gin and half Rose's Lime Juice and nothing else". Raymond Chandler, The Long Goodbay
Me pregunto si las revelaciones se pueden explicar de alguna manera, cómo se reconocen y cómo es el momento. Creo que yo nunca he tenido una revelación.
En las primeras líneas de una novela de Nick Hornby que seguiré leyendo, la protagonista está en un parking, dentro del coche, cuando llama a su marido, que está en casa cuidando a los niños. Sólo quiere recordarle que debe escribir una nota para el colegio y, sin habérselo propuesto, le suelta que ya no quiere estar casada con él.
Ayer pasaron el último episodio de la segunda temporada de Mad Men en BBC4. Betty Drapper tiene que decidir qué hacer con su vida, pero todavía está confundida. Deja a sus niños en el hotel donde está viviendo su marido y, sin ningún plan, entra en un bar. Allí pide un gimlet y sabemos que de un momento a otro va a pasar algo, algo muy significativo por pequeño y contradictorio que sea, y una serie de eventos se van a desarrollar.
A ese tipo de cosas me refiero con revelaciones.